¿Una sopa queda sosa aunque hayas añadido hierbas y especias? Muchas veces no le falta sal, sino umami, ese sabor profundo y sabroso que aporta cuerpo a los platos. He reunido 10 alimentos umami, desde productos habituales en la cocina española hasta ingredientes fermentados, con ideas sencillas para utilizarlos y algunos límites que conviene conocer.
Los ingredientes umami que más sabor aportan con poco esfuerzo
- El glutamato natural aparece en tomates, quesos, setas, pescados y carnes.
- El tomate concentrado intensifica sofritos, salsas y legumbres.
- Los alimentos curados y fermentados suelen ofrecer un sabor más persistente.
- La combinación de umami vegetal y animal produce platos especialmente redondos.
- Umami no significa automáticamente bajo en sal. La salsa de soja, las anchoas y los embutidos deben utilizarse con moderación.

Qué es el sabor umami y cómo reconocerlo
El umami es uno de los cinco sabores básicos, junto con el dulce, ácido, salado y amargo. Se percibe como un gusto sabroso, profundo y ligeramente cárnico, aunque también aparece en muchos alimentos vegetales. El NIDCD lo relaciona principalmente con el glutamato, un compuesto presente de forma natural en numerosos productos.
No es exactamente lo mismo que “saber fuerte”. Un tomate maduro puede tener mucho umami sin resultar agresivo, mientras que un alimento muy salado puede carecer de profundidad. Yo lo reconozco porque el sabor permanece en la boca y hace que el plato parezca más completo, incluso cuando lleva pocos ingredientes.
La intensidad aumenta cuando se juntan glutamato con otros compuestos, como el inosinato de pescados y carnes o el guanilato de algunas setas. Por eso un caldo con kombu y bonito seco, o unas lentejas con tomate y jamón, pueden resultar mucho más sabrosos que cada ingrediente por separado.
Diez alimentos umami que merecen un lugar en tu cocina
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Tomate maduro, seco o concentrado. El tomate fresco aporta glutamato, sobre todo cuando está bien maduro. El tomate seco y la pasta de tomate ofrecen todavía más intensidad porque han perdido agua y concentran el sabor. Funcionan muy bien en sofritos, guisos, arroces y salsas para pasta.
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Setas y champiñones. Los champiñones, boletus, shiitake y otras setas aportan un umami terroso muy útil en platos vegetales. Las setas deshidratadas son especialmente prácticas, ya que su sabor se concentra y el agua de hidratación puede añadirse a un arroz o una salsa.
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Quesos curados. El parmesano, el manchego curado, el mahón añejo y otros quesos sometidos a maduración desarrollan un sabor intenso gracias a la transformación de sus proteínas. Unos pocos gramos rallados sobre verduras, legumbres o pasta suelen ser suficientes.
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Anchoas. Las anchoas en salazón son uno de mis recursos favoritos porque no siempre se reconocen en el plato. Una pequeña cantidad se deshace en el sofrito y aporta profundidad sin dejar necesariamente sabor a pescado. Conviene reducir la sal añadida cuando se utilizan.
- Jamón serrano o ibérico. La curación concentra proteínas, aromas y compuestos sabrosos. Puede incorporarse a caldos, alcachofas, judías verdes o guisos, aunque es mejor tratarlo como un potenciador en pequeñas cantidades y no como la base diaria de la dieta.
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Pescados como bonito, atún, caballa y sardina. Los pescados contienen compuestos umami y ganan intensidad cuando se cocinan, se conservan o se curan. El bonito en conserva es una opción cómoda para ensaladas, tortillas, empanadas y platos de legumbres.
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Mariscos. Mejillones, gambas, langostinos, vieiras y otros mariscos aportan un sabor marino muy marcado. Las cáscaras y cabezas, bien aprovechadas para un fumet, pueden convertir un arroz sencillo en un plato mucho más sabroso.
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Algas, especialmente kombu. El kombu es rico en glutamato y se usa para preparar caldos, mientras que el nori aporta un toque marino más ligero. Si no estás acostumbrado, basta con añadir un trozo pequeño al caldo y retirarlo antes de que hierva con demasiada fuerza.
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Salsa de soja y miso. Ambos proceden de la fermentación de la soja y ofrecen un umami intenso. La salsa de soja resulta útil en salteados y marinados; el miso aporta cremosidad a sopas, verduras y aliños. Son concentrados, así que una cucharadita puede ser suficiente.
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Carnes cocinadas lentamente y caldos. La carne de vacuno, el pollo y los fondos elaborados con huesos desarrollan sabores más profundos mediante la cocción prolongada y el dorado. Un buen caldo casero no necesita cubitos si se prepara con verduras, carne, tiempo y una reducción adecuada.
La lista incluye alimentos frescos, curados, fermentados y preparados porque el umami no depende solo del ingrediente original. La maduración, el secado, la fermentación y la cocción pueden cambiar por completo la intensidad que llega al paladar.
Por qué algunos alimentos saben más a umami después de cocinarlos
El calor no crea umami de la nada, pero puede concentrar sabores y liberar compuestos que estaban unidos dentro del alimento. Por eso un tomate asado suele resultar más sabroso que uno recién cortado, y unas setas doradas tienen más carácter que unas cocidas en abundante agua.
Hay tres técnicas especialmente útiles. La primera es reducir, es decir, cocinar un líquido para que pierda agua y concentre su sabor. La segunda es dorar bien los ingredientes, y la tercera consiste en aprovechar la fermentación o el curado, como ocurre con el queso, el miso y el jamón.
| Técnica | Ejemplo | Aplicación práctica |
|---|---|---|
| Reducir | Tomate triturado o caldo | Salsas, arroces y guisos |
| Dorar | Setas, carne o cebolla | Salteados y fondos |
| Fermentar | Miso, salsa de soja o queso | Sopas, aliños y verduras |
| Secar o curar | Tomate seco, jamón o pescado | Pequeñas cantidades para reforzar el plato |
Un error frecuente es hervir las setas o los mariscos durante demasiado tiempo y desechar el líquido. Si el agua de cocción tiene buen aroma, puede convertirse en parte del plato. En mi cocina, aprovechar ese líquido suele marcar más diferencia que añadir otra cucharada de sal.
Cómo combinar alimentos umami sin que el plato resulte pesado
La combinación más sencilla consiste en unir una fuente vegetal de glutamato con otra rica en inosinato o guanilato. Algunas parejas que funcionan muy bien son tomate y anchoa, setas y queso curado, kombu y pescado, o legumbres y jamón.
- Para verduras: tomate concentrado, setas salteadas, parmesano o miso.
- Para legumbres: sofrito de tomate, pimentón, una anchoa o un poco de jamón.
- Para arroz: fumet de pescado, marisco, setas secas o kombu.
- Para pasta: tomate reducido, queso curado y unas gotas de agua de cocción.
- Para platos vegetarianos: champiñones dorados, salsa de soja baja en sal y frutos secos tostados.
La clave está en usar estos ingredientes como capas de sabor, no en mezclarlos todos a la vez. Si junto tomate concentrado, salsa de soja, queso y jamón en la misma receta, el resultado puede ser excesivo. Dos fuentes umami bien equilibradas suelen bastar.
Umami, salud y sal no son exactamente lo mismo
Los alimentos umami pueden ayudar a cocinar con menos sal porque aportan sensación de plenitud y sabor. Sin embargo, eso no significa que todos sean bajos en sodio. Las anchoas, el jamón, la salsa de soja, los cubitos de caldo y algunos quesos curados pueden elevar bastante la cantidad final.
Para una versión más equilibrada, conviene combinar ingredientes intensos con alimentos frescos. Por ejemplo, usa una cucharadita de miso en una olla de verduras, unas pocas anchoas en un sofrito o una pequeña cantidad de queso sobre una bandeja de brócoli. El tamaño de la porción importa tanto como el ingrediente.
El glutamato monosódico tampoco debe confundirse con el glutamato natural de los alimentos. Es una sal utilizada como potenciador del sabor y, cuando se incorpora, también suma sodio. En personas con hipertensión o con una dieta restringida en sal, lo sensato es revisar la etiqueta y contar el conjunto de la receta, no solo un ingrediente aislado.
La forma más sencilla de empezar a notar el umami
Elige tres alimentos de la lista y pruébalos por separado en pequeñas cantidades. Un tomate maduro, unas setas doradas y un poco de queso curado permiten identificar tres perfiles distintos sin complicar la compra ni preparar recetas especiales.
Después, incorpora una sola combinación a un plato cotidiano. Unas lentejas con tomate concentrado, un arroz con fumet o unas verduras asadas con miso son buenos puntos de partida. Yo empezaría por ahí antes de comprar productos más exóticos, porque la técnica y la proporción suelen importar más que el ingrediente de moda.
El umami no sustituye a una alimentación variada, pero sí puede hacer que las verduras, las legumbres y los caldos resulten más apetecibles. Bien utilizado, permite cocinar con más sabor, menos monotonía y una cantidad de sal más fácil de controlar.